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Fernando Delgado: “La culpa puede ser castigo, pero también gozo y satisfacción”

28-04-2017

El periodista y escritor Fernando Delgado (isla de Tenerife, 1947) presenta esta tarde en la 52 Fira del Llibre su última novela, El huido que leyó su esquela. Con este título, que salió a la venta ayer, cierra su primera serie, la Trilogia del Ahogado, compuesta por No estaba en el cielo (1996) y Isla sin mar (2002). “Nunca pensé que la primera novela tendría continuidad, ni me planteé un relato seguido; pero lo cierto es que tienen una historia común con los abogados de por medio. En esta reflexiono sobre la culpa, que puede ser castigo, pero también estímulo de vida, gozo y satisfacción”, explica el autor.

El protagonista de El huido que leyó su esquela es Carlos, el niño que en la primera novela se preguntaba por el destino de su padre y cuya infancia bebe de la experiencia personal de Delgado: “Cuando yo era pequeño, mi padre murió muy pronto. Se hablaba poco de su muerte, es algo de lo que no se ha hecho comentario en casa nunca. En la playa donde solía ir con mis abuelos y en la que compartía momentos con otros niños y amigos, tenía un amiguito que se empeñaba en decirme que mi padre se había ahogado naturalmente, voluntariamente. Cuando lo contaba en casa, en algunos casos sonreían, en otros se enfadaban con la historia y con la insistencia en esa historia. La deseché durante un tiempo pero nunca he dejado de asociar esa playa a mi padre y a la posibilidad de que se hubiera decidido escapar por esa playa”.

Esa misma orilla es la que da origen a la ficción de El huido que leyó su esquela, “que tiene que ver con historias verdaderas, personas que durante el franquismo han huido por procedimientos como ese”. Tras haber sido acusado de asesinar al cacique que había violado a su mujer, a Carlos lo dieron por ahogado. En realidad, había huido a París, donde adquirió una nueva identidad. El día que recibe una carta dirigida a su verdadero nombre, todo el pasado que hubiera querido olvidar regresa a su vida y le lleva a tomar una trágica decisión.

Aunque Delgado declara que “no soy muy amigo de la autobiografía, la novela sí tiene en el fondo una voluntad autobiográfica, ya que, como le pasa al protagonista, soy un hombre poseído por la culpa de algo que no cometí nunca y que hubiera querido cometer. Por ello, no es la historia que he vivido, sino la que he imaginado o me hubiera gustado vivir”.

“Me ha interesado el tema de la culpa como emoción. Puedes sentirte frustrado por no haber sido culpable de lo que uno quiso”, ha avanzado Delgado. En este caso, explica que “el protagonista lamenta no haber sido el asesino, pero se siente culpable por la voluntad de querer serlo. La culpa tiene que ver con el pecado y en el pecado no siempre hay condena, hay muchas veces satisfacción. Desde el punto de vista moral y religioso se condena el pecado, pero desde el punto de vista personal puede ser gozoso”. “Por ejemplo”, apunta Delgado, “los grades estafadores de este tiempo no se sienten culpables. Chorizos y sinvergüenzas no se sienten culpables. La culpa puede ser gozo y satisfacción”. Por todas estas razones, el autor define su última novela como “emocional y sentimental”.

Preguntado por la situación actual del mercado editorial, Delgado lamenta que “con los libros está pasando lo mismo que en la televisión. Antes los libros eran exposiciones de la razón, argumentos de la emoción y ahora, incluso en la propia política y en las tertulias televisivas, uno encuentra mucho Belén Esteban. Eso es lo que se compra, la sinrazón. La reflexión no tiene venta alguna y la razón tampoco. Vende el chiste, aunque ello no quiere decir que no haya novelas atractivas, amenas y gratas”.

Galardonado periodista en prensa, radio y televisión, es autor de poemarios y de más de una decena de novelas, entre ellas Tachero, premio Benito Pérez Armas (1973) y La mirada del otro, premio Planeta (1995). Para Delgado, los premios “son un apoyo importante” porque suponen “un apoyo económico muy estimulante” y porque “para los jóvenes supone, sobretodo, una manera de ponerlos en el candelero y de mostrarlos”. “Tienen efectos muy positivos, no quiere decir eso que no sean impuros”, matiza.

Delgado se estrenó como diputado autonómico en septiembre de 2015, en la novena legislatura de les Corts Valencianes, donde es portavoz del Grup Parlamentari Socialista en la comisión de Cultura, ámbito en el que, dice, “me preocupa fundamentalmente la relación biblioteca-escuela». Preguntado por esta nueva faceta, Delgado afirma: “Soy político como todo ciudadano responsable es político. He sido toda mi vida un cristiano sin iglesia y un socialista sin partido. Pero políticos debemos ser todos, no es patrimonio ni profesión, es una responsabilidad. Se dice que los políticos son responsables de lo que nos pasa, pero los responsables de las cosas que nos pasan por esos políticos son quienes votan, no nos excluyamos».